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La poesía de la revolución

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Prólogo de Erick Benítez Martínez 
No se puede iniciar un prólogo como el presente sin entusiasmarse.
La difusión de la vida y artículos de Práxedis Gilberto Guerrero no pueden ni deberían mantenerse en la oscuridad de algunos libreros, sin que sus letras vuelen de cerebro en cerebro incendiando la llama revolucionaria.
Ricardo Flores Magón, el excepcional e incansable luchador anarquista, eclipsa con su intensa luz a sus contemporáneos, muchas veces de manera injusta.
Injusta porque personalidades como Librado Rivera y Práxedis Gilberto Guerrero son también de mucho interés para la historia del anarquismo mexicano.
Librado Rivera, después de la muerte fatídica de Ricardo a manos del gobierno estadounidense, regresó a México, no para acomodarse en el periodo posrevolucionario, sino para continuar su lucha por el anarquismo. Termina sus días luchando por sus ideas anarquistas.
En el caso de Práxedis, del que nos ocupa el presente libro, nos encontramos con otro caso de una entrega total a la lucha revolucionaria y anarquista.
Práxedis no lucha mediante la pluma solamente, ni tampoco con las armas de manera única. Brazo y cerebro se encuentran en perfecta armonía.
Práxedis pertenece a una generación que de manera excepcional se entregó a la lucha por la libertad y la justicia.

Una generación excepcional
Hombres y mujeres, adolescentes incluso, lucharon a brazo partido contra la dictadura de Porfirio Díaz.
El hambre y la explotación inicua que inmolaban a todo un país para beneficio del capitalismo mexicano y extranjero, encontraron una generación, agrupada dentro y en torno al Partido Liberal Mexicano, dispuesta a todos los sacrificios por derribar el despotismo porfirista.
En lo que respecta a la Junta del PLM, encontramos personalidades con una convicción tan firme en el anarquismo que no dudaron en jugarse la vida y la libertad para conseguir el triunfo de las ideas ácratas.
Persecuciones y presidios no lograron jamás detener a ese grupo de anarquistas.
Es de un impacto tremendo la manera en la que aparecen en Regeneración artículos que provienen de la cárcel, en los que Ricardo, Enrique o Librado Rivera, pese a estar en esos sitios infectos y represivos, llaman a la revolución y a no detenerse en la lucha.
Ricardo y Librado pasaron bastantes años de sus vidas en los presidios, y es de aplaudir el empeño en la lucha de Ricardo cuando, saliendo de la prisión unos días antes de estallar la revolución en México, publica en Regeneración:

“Aquí estamos. Tres años de trabajos forzados en la prisión han templado mejor nuestro carácter. El dolor es un acicate para los espíritus fuertes. El flagelo no nos somete, nos rebela…”

Práxedis, por su parte, no es algo aparte en este sacrificio.
Proveniente de una familia acomodada, no solamente abandona sus privilegios, sino que se pone a trabajar duramente, sufriendo las penurias de ese pueblo explotado al que quería ayudar a redimirse.
Se trata de un acto similar al hecho por otros tantos anarquistas de talla mundial. Bakunin y Kropotkin, Salvochea y Práxedis se unen en la historia de quienes abandonaron sus privilegios para vivir la suerte del pueblo.
La desgracia de todo esto es que quedan alrededor de ellos toda una generación de quienes apenas se tienen datos.
El amigo de Práxedis, Francisco Manrique, es uno de esos casos.
Manrique es una persona que aparece a lado de Práxedis constantemente hasta su muerte en la lucha, y por desgracia apenas se sabe de él alguna cosa, la mayoría aportada por el propio Práxedis.
Infinidad de luchadores que dieron sus vidas en la lucha contra la dictadura permanecen en el anonimato, en el olvido, de los que por mucho se tiene de ellos algunas líneas, y nada más.
Fueron, sin embargo, todos esos anónimos, hombres y mujeres, quienes de la mano de los anarquistas de la Junta del PLM levantaron la lucha contra la dictadura porfirista, y a ellos y ellas pertenecen los laureles del inicio de la revolución mexicana.
Porque nadie como ellos y ellas lucharon contra la dictadura durante los diez años que transcurren de 1900 a 1910.
La llegada de Madero, el hacendado burgués a la lucha revolucionaria, y posteriormente su encumbramiento al poder político, no es sino una ofensa a todos esos luchadores que antes de él impulsaron la lucha contra la dictadura.
Que nuestros historiadores burgueses pongan aureolas al burgués Madero como impulsor de la revolución no nos sorprende.
La historia oficial la escriben los vencedores, porque torciendo así la historia pretenden reforzar los cimientos de su imperio.
Pero para el estudioso de la historia, para quienes no se conforman con la historia oficial, sabrá ver que son toda una generación de anarquistas, de los cuales los más visibles son la Junta del PLM, a quienes pertenece la autoría de la revolución mexicana.
Toda esa pléyade de luchadores que ofrendaron sus vidas, seguridad, tiempo y libertad a la causa de la revolución, es con quienes la historia tiene una deuda, y trabajos como el presente, donde se habla de estos anarquistas, ayuda a saldar un poco la deuda.

Una estrategia
La historia de los anarquistas (así, en negrita) del PLM ha sido, o mejor dicho, intentado, ser distorsionada hasta grados absurdos.
He dicho intentado, porque pese a todos los intentos hechos desde la izquierda demócrata, los anarquistas siguen difundiendo el anarquismo del PLM y reivindicando su memoria como ajena totalmente a cualquier forma de poder político.
Esta distorsión del anarquismo del PLM viene por su estrategia de hacerse pasar por liberales para avanzar paulatinamente hacia el anarquismo.
Se entiende que esta estrategia no sea siempre aceptada o reconocida por algunos anarquistas.
El rechazo total del discurso político del anarquismo, del cual soy el primer defensor, hace que en ciertas ocasiones se vea al PLM como anarquistas tibios que coqueteaban con el liberalismo político, pero no hay nada más equivocado que eso.
Ricardo Flores Magón fue un anarquista aún cuando el discurso fuese liberal.
Desde el Congreso de 1901, donde conoce a Camilo Arriaga, éste le facilita a Ricardo las obras de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Malato, Reclus, Anselmo Lorenzo, etc., y a partir de aquí Ricardo se asume como anarquista.
No fueron pocas las discusiones al interior del PLM a inicios de la década de 1900 porque Ricardo planteaba definirse abiertamente como anarquistas.
Sin embargo, debe entenderse que por entonces no todos eran anarquistas dentro del PLM. Es Librado Rivera quien propone a Ricardo no extremar la exigencia a la vista de que no todos eran anarquistas.
La salida de Ricardo, Librado, Enrique, etc., a los Estados Unidos, aclara un poco el panorama: la formación de la Junta del PLM depura un poco al Partido, quedando en ella elementos decididos a la lucha armada revolucionaria.
El 13 de junio de 1908 Ricardo envía una larga carta a su hermano Enrique y a Práxedis en la que les habla de la estrategia de llamarse liberales para avanzar hacia el anarquismo.
En ella leemos un párrafo muy difundido y que constituye toda una declaración de principios:

“Sólo los anarquistas van a saber que somos anarquistas, y les aconsejaremos que no nos llamen anarquistas para no atemorizar a tanto imbécil que en el fondo de la conciencia abriga ideales como los nuestros, pero que sin saber que son ideales anarquistas, pues están acostumbrados a oír hablar de los anarquistas en términos desfavorables. Más bien que imbéciles son ignorantes. No hay que ser injustos”

También encontramos, líneas arriba, un párrafo muy interesante dado que es una muestra de lo que pensaban que se realizaría con la Junta del PLM como encargada de la organización de la revolución. Leamos:

“Para seguir esta última táctica hay necesidad de hacer una gran agitación entre los obreros, repartirles folletos, libros, meter entre ellos agitadores anarquistas. Todo esto se puede hacer muy bien (me refiero a la agitación) y creo que, lo que se haga por los obreros mismos, será más sólido de lo que se haga por decretos de la Junta”

Nos encontramos con la declaración expresa de dos cosas:
-La necesidad de agitadores anarquistas encargados de impregnar la revolución de los ideales de libertad del anarquismo.
Esto, si la Junta del PLM hubiese sido liberal, sería impensable. Si se habla de esto es precisamente porque, aunque en el discurso se hablara de liberalismo, el propósito era declaradamente anarquista.
-Siendo anarquistas como eran, declaran que desean que todo se haga por los obreros mismos, siendo la Junta un mero centro organizativo y no una dirección.
La Junta no decreta la revolución, ésta se hace por los obreros mismos, entre los que habría muchos agitadores anarquistas que impulsarían la revolución impidiendo que esta se centralice.
Algunos historiadores, de los peor intencionados, nos hablan de dos etapas del PLM, la liberal y la anarquista.
En ese entendido estos demócratas burgueses se alinean al discurso liberal y en base a eso pretenden reivindicar al PLM como unos simples liberales, patriotas y demócratas que pretendían solamente el mejoramiento del gobierno.
Estos personajes son unos ignorantes de la historia, o unos declarados usurpadores, porque cuando leemos el párrafo citado de la carta del 13 de junio de 1908, se tiene muy claro que Ricardo, Librado, Práxedis y compañía eran anarquistas que adoptaron una estrategia para acercarse al pueblo mexicano.
¿Estrategia errónea? Eso depende del juicio de cada quien, pero del carácter anarquista de la Junta del PLM nadie puede dudar, a menos de ser unos mentirosos o ignorar la historia.
A partir de 1911 Regeneración será declaradamente anarquista.
Los manifiestos y artículos son terminados con vivas a la anarquía.
El Manifiesto lanzado el 23 de septiembre de 1911 es toda una oda al comunismo anarquista.
En él se habla de las expropiaciones, de la puesta en común de los medios de producción y de consumo.
Había llegado la revolución y la Junta del PLM se mostraba abiertamente anarquista, lo que siempre había sido.
Habían logrado incendiar las mentes del pueblo mexicano contra la dictadura, la estrategia seguida no tenía ya sentido de ser, y su anarquismo salió a la luz abiertamente.
Práxedis formó parte de estos anarquistas.
Él mismo conoció la obra de los clásicos del anarquismo.
Su lucha no era por constituir ningún gobierno, sino por la abolición de todos ellos.
Con el estallido de la revolución el 20 de noviembre de 1910, Práxedis se lanza a la lucha armada.
Había pasado el momento de la conspiración y de los alzamientos fallidos, así como de escribir bellos artículos revolucionarios. El momento de la revolución llegaba, y Práxedis tomó las armas para defender con la fuerza las ideas de libertad y de justicia del anarquismo.
No podía mantenerse impávido cuando la lucha se iniciaba, y al mes con diez días Práxedis, el heroico Práxedis, moría en el campo de batalla.
Práxedis se sumó a las fuerzas de la Junta del PLM en 1906, y moría en 1910.
En tan solo cuatro años de arduo trabajo, que se verá reflejado en la biografía que contiene este libro, consiguió la reanudación de la lucha en momentos en que Ricardo, Enrique y Librado estaban encarcelados.
Escribió abundantemente a pesar de las persecuciones y del arduo trabajo que tenía en las minas.
Su pluma corrió esplendorosa por las hojas de Regeneración, Revolución y Punto Rojo, levantando los ánimos de la lucha y haciendo bellas pinceladas donde la poesía se mezclaba bellamente con la rebeldía.

Práxedis, un poeta revolucionario
He dicho que Práxedis escribía poesía.
No me desdigo de ello.
Práxedis era un poeta. Pero no un poeta de esos que escriben a lo bello de una gota de agua cayendo de una hoja, o de un cielo bello… debajo del cual la humanidad se desangra por el capitalismo.
Práxedis escribía sobre la revolución, ese bello objetivo al cual dedicaba todas sus energías, y de ello resultaban artículos hermosos.
No era la poesía hablando de revolución, eso muy pocas veces da resultados satisfactorios; era la revolución cantando sus objetivos, y de esto resultaba la poesía.
No todos sus escritos son apreciados por igual.
¿Cometió errores? Desde luego. No estamos ante un Dios bíblico situado en lo inmutable, sino de un ser humano.
Los errores que haya podido cometer deben ser juzgados a la luz de las circunstancias, de su naturaleza humana.

Una revolución inconclusa
Práxedis vivió para ver el alzamiento revolucionario contra la dictadura. No vio ya el desarrollo de esa revolución.
Encaramado Madero a la revolución, haciéndose director de ella, la desvió de sus objetivos iniciales.
A la dictadura del verdugo Porfirio Díaz le siguieron gobiernos igualmente explotadores.
La tendencia económica de la revolución mexicana se desvió hacia la persecución de un gobierno liberal, de elecciones libres, de democracia representativa.
Aunque hubo serias resistencias a esta desviación de la revolución y en el centro y norte del país se luchaba por expropiar las tierras a los burgueses, poco a poco esto se fue apagando hasta terminar en vulgares gobiernillos liberales.
Muerto Ricardo Flores Magón, las ideas de ese campeón del anarquismo se fueron apagando poco a poco.
Tienen cierto reflejo en México con la formación del Grupo Luz, de la Casa del Obrero Mundial, que si bien no es anarquista, la influencia de elementos anarquistas a su interior le llevaron a tener puntos rescatables pese al tropiezo terrible de los nexos con Carranza.
Al regreso de los Batallones Rojos de la Casas del Obrero Mundial al DF, ésta se radicaliza y entonces sí, podemos hablar de un proceso anarquista en la organización.
Sin embargo, no es sino hasta febrero de 1921 (a un año de la muerte de Ricardo), con la creación de la anarcosindical CGT mexicana, que el anarquismo tiene nuevamente palabra en el movimiento social.
Tristemente la modificación del artículo 123, por el que se permite solamente un sindicato por empresa, va minando las fuerzas del anarcosindicalismo de la CGT en beneficio del sindicalismo reformista de la Confederación Regional Obrera de México, al servicio del capitalismo mexicano, no sin tener fuertes encontronazos con una CGT que se defendía al interior de las fábricas a golpes y balazo limpio contra los reformistas.
Todo esto no lo alcanzó a ver nuestro Práxedis.
El joven que había empeñado su juventud y energía por la revolución social, el que fue un artífice de la revolución mexicana, se fue de la vida dejando un enorme hueco en el anarquismo mexicano.

Palabras finales
La biografía de Práxedis que el lector leerá a continuación es la biografía de una vida llena de penurias y esfuerzos sublimes.
Tristemente de Práxedis no existen en la actualidad muchas ediciones para acercarse a su vida y su obra.
Existen un par de libros editados en México, y poco más.
En otros países la figura de Práxedis, como decíamos al inicio de este prólogo, es eclipsada por la enorme figura de Ricardo Flores Magón.
Librado Ribera y Práxedis son, por igual, dos figuras que deben conocerse y estudiarse, porque el valor y entrega de estos compañeros merecen ser conocidos.
No puedo, de ninguna forma, cerrar este prólogo sin agradecer, de manera personal, al compañero Ignacio por su esfuerzo en estudiar y escribir sobre la vida de Práxedis.
Porque si es agradable que se rescate la figura de Práxedis en México, su edición en España es un aliciente para quienes quieran penetrar en la historia del anarquismo en México, porque encontrarán en Práxedis a un compañero invaluable.

¡Viva Tierra y libertad!
¡Viva la anarquía!
Erick Benítez Martínez. Diciembre del 2020.

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